Mientras recostado sobre mi cama fría leo un artículo de Lance Armstrong en un viejo libro que conseguí en la esquina, pero que es muy interesante y que alguna vez te recomendé leer; has llegado a mi mente luciendo rizada cabellera y sonrisa eterna, irrumpiendo mi tranquilidad para reflejarme memorias de hechos maravillosos que muchas veces disfruté contigo, acciones bellas de repetirse cuantas veces sea necesario.
La memoria retrocede el tiempo y me recuerda aquella campaña en la que participamos y que tuviste un mal concepto de mí; las actuaciones de Yoyo y Yiyo la que vimos en una cabina de internet y después en tu cuarto; a la niña inquieta que merodeaba la habitación tratando de descubrir lo nuestro y que me hizo pasar varias horas en el frío de la noche; y como aquella vez que nos reímos hasta el cansancio cuando a una amiga le cayó la pelota en la pierna y terminó llorando.
Esta vez, has llegado temprano para avivar mis sueños y resucitar esperanza; has llegado despertando ilusiones que agonizantes se desvanecían en el tiempo, pero negándose a desaparecer intuyendo ser cobijadas en algún corazón abierto dispuesto a amar. Hoy tu presencia fulgura una manera diferente de vivir expresando distintas formas de amar; has llegado avizorando un futuro diferente diciendo que lo vivido son acciones hermosas que permanecerán en la retentiva y el tiempo y que volverlas a sentir ocasionaría tanta felicidad como lo fue en su momento.
Una tarde cuando platicábamos lejos del ruido de la ciudad, comprobamos aquello que dice: que el sufrimiento es esencial para disfrutar la vida y que por extraño que parezca es una bendición. Mientras tus manos inquietas corren tus dedos en mi desordenado pelo y me cuentas historias inventadas que llenan mis pupilas de llanto, comprendo que el éxito y la felicidad está entre nosotros esperando que la revelemos con responsabilidad y la disfrutemos plenamente cuyas acciones regocijen nuestras almas y completen la felicidad como ya lo demuestra tus acciones y lo expresan tus labios.
Selene: tu presencia ha cambiado mis horas de soledad y hastío por eternos días de convivencia y felicidad. Desde que te conocí he seguido la huella de tus pasos buscando andar juntos; he caminado estrechos, acantilados, escabrosos laberintos, hasta llegar a pináculos que alguna vez soñé alcanzarlos y que no hubiese sido posible sin ti. Selene, he buscado tu alma para seguir tu ideología, para amar eternamente y caminar en un solo horizonte como son tus deseos y también los míos.


